domingo, 31 de marzo de 2019

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MANIFIESTO


Ideas




Creo firmemente que somos seres de ideas.

Todos hemos nacido y crecido. Existimos gracias a que nuestras madres nos dieron a luz y a que, antes de eso, mil coincidencias dieron a luz al universo tal y como lo conocemos. Somos criaturas biológicas que han evolucionado hasta el punto de inventar lenguajes y transmitir conocimientos a muy alto nivel. Somos bastante perfectos. «Bastante».

Pero nuestros cuerpos no son sino una mera vasija. Un contenedor de lo que somos realmente. 

Somos seres de ideas.

Nuestros pensamientos son concreciones lingüisticas de nociones y conceptos abstractos, en el sentido más platónico de los mismos. Las ideas son etéreas, pero aún así podemos pensar en ellas. Podemos imaginarlas, sentirlas, vivirlas, aprenderlas, olvidarlas, recordarlas, odiarlas y amarlas.

Puedo hablar de «mi cuerpo» como algo que poseo y que forma parte de mí. Pero no puedo hablar de «mis ideas» ni «mis pensamientos» sin cometer un pequeño error. Y es que mis ideas y pensamientos son yo mismo. No me pertenecen, porque no son algo que pueda separar de mí. Son lo que soy. Son lo que somos todos.

Somos una suma de ideas.

Algunas ideas tienen una naturaleza cálida y apasionada. Son la representación de nuestras necesidades más básicas y de nuestros instintos más primarios. Son la ira necesaria para defendernos de aquello que nos ha hecho daño, o el calor necesario para desear a alguien o a algo de la forma más primigenea. Son la sensación de saciar nuestras necesidades más básicas. Son las ideas que están más dentro de nosotros y residen justo en el núcleo de nuestra llama más interna. La llama que arde en lo más profundo. La llama que nos acompaña toda nuestra vida.

Estas ideas son poderosas y peligrosas a la par. Pueden darnos la fuerza necesaria para satisfacer nuestros deseos más insondables, pero de la misma forma también pueden perdernos en un abismo inhóspito.

Las llamas de Chandra




La única forma de controlar nuestros pensamientos más primitivos y salvajes es a través de la razón en su sentido más puro. A través de la lógica. El raciocinio. El pensamiento comedido y pausado.

Las ideas que nos permiten esto son frías y lógicas. Pero esto, aunque a priori suene indeseable, es en realidad tan necesario como una idea cálida y primitiva. Porque sin esta clase de ideas tan sólo seríamos animales. Y, aún siendo animales después de todo, somos animales capaces de detenerse un segundo para recapacitar y reflexionar. Animales capaces de negar sus impulsos primarios para pensar en el futuro a medio y largo plazo. Animales racionales.

Si bien es cierto que estas ideas son necesarias, también es cierto que van en contra de nuestra naturaleza biológica más básica en muchas ocasiones. La felicidad de cada uno de nosotros suele estar determinada por cómo de capaces seamos de saborear cada momento y cada pequeño detalle que la vida nos brinda. Cómo de capaces seamos de sentirnos satisfechos. Cómo de fuerte seamos capaces de soplar para avivar la llama de nuestros corazones. Así que, de nuevo, creo que mantener la mente fría es igual de necesario que peligroso, pues congelar nuestros deseos más primarios sólo para dar cabida a las ideas racionales tan solo va a desembocar en una gran tristeza. Y la tristeza, cuanto más se apodera de nosotros, más difícil es de controlar.

La visión de Jace

















Pero, si bien es cierto que tanto la pasión como la razón son buena parte de nosotros, no son lo único que resuena en nuestras cabezas cuando cerramos los ojos. No son los únicos ecos que retumban en nuestros sueños.

Algunas ideas son, simplemente, oscuras y falsas. De la misma forma que los pensamientos demasiado racionales pueden lastrarnos hacia la infelicidad, hay otras ideas que pueden conducirnos a un estado mucho peor: La abulia. La pérdida del deseo de existir. La podredumbre del resto de ideas y de lo que somos. Y es que estas ideas son falsas porque, precisamente, parecen formar parte de nosotros hasta que realmente vemos que lo único que hacen es consumirnos y dejar un vacío en nuestro interior.

Creer en algo que no es cierto o confiar en alguien que nos defrauda y nos traiciona son claros ejemplos. Estas ideas son usualmente fruto del desengaño y la manipulación. Pueden llegar a nosotros de muchas formas. Pueden llegar a través de alguien que nos ofrece una amistad duradera y nos abandona a la mínima inflexión.

Y no es que debamos rechazar estas ideas a toda costa. Esta clase de idea son necesarias, pues sin ellas seríamos demasiado inocentes y vulnerables. Al igual que todos los tipos de ideas, forman parte de nosotros. Las hemos aprendido y también las transmitimos, en mayor o menor grado. Queriéndolo o no. Más o menos. Pero de cualquier forma hay que tener especial cuidado con ellas. Hay que prestar especial atención para que el vacío que existe en nuestro interior no nos acabe consumiendo.

La traición de Liliana


















Pero de la misma forma que las promesas vacías y las falsas esperanzas pueden adueñarse de nosotros, también hay otras ideas cuya naturaleza es totalmente opuesta. Existen ideas que surgen de la esperanza y la ilusión. Son el combustible sobre el que arde nuestra llama. Son las ideas que se reflejan en nuestros sueños. Son los pensamientos que se atan a nosotros y no nos abandonan, porque nosotros tampoco podemos abandonarlos.

Normalmente estas ideas nacen de aquello que nos hace más felices. Y me refiero a lo que habita en lo más auténtico de nuestro interior. Esta clase de ideas surgen de una amistad duradera. Surgen de un recuerdo inolvidable, o de un amor sincero.

Estas ideas son las que reflejan con más exactitud aquello que somos. Al contrario que las ideas que crean un vacío en nosotros, éstas llenan nuestros corazones y nos hacen sentir que todo a nuestro alrededor se alinea para que continuemos por nuestro camino. Porque son la luz que lo guía. Y la única forma de diferenciar una idea así, es que incluso tras apuñalarla y rechazarla, seguimos deseando abrazarla. Seguimos caminando bajo su luz. Es una idea inolvidable.

Ante todo no debemos ser necios. Nada dura para siempre en el contexto de una vida humana, porque nuestros días están contados. Nuestras ilusiones son finitas, al igual que nosotros. Nuestras sonrisas, llantos, palabras, sueños, emociones, alegrías y tristezas tienen fin. Por ello no debemos caer en el error de interpretar una idea falsa como una esperanza, y pensar que algo durará para siempre, porque todo cambia. Las sueños cambian. Las esperanzas cambian. Pero aún así, siempre debemos aceptar que estas ideas existen o han existido, y forman parte de nosotros. Porque aún cuando comenzamos a andar un camino que nos lleva en una dirección incierta y nos aleja de nuestro santuario de esperanza, sabemos que dicho santuario siempre formará parte de nosotros, como nuestro lugar sagrado, porque siempre sentiremos la necesidad de regresar a él. De peregrinar hacia la ilusión que más conocemos. Y aunque en un futuro puede que no seamos capaces de pisarlo de nuevo, sabemos que en los momentos de incertidumbre se mantuvo como una idea verdadera.
 


Y en esa clase de momentos de incertidumbre no sabemos si lo que un día fue una idea de esperanza nos está devolviendo la puñalada que una vez le asestamos. No sabemos si la esperanza se transforma en desengaño. No sabemos si encadenarnos a otro santuario por miedo al vacío, o si nosotros mismos estaríamos traicionando a alguien que todavía tenía esperanzas en nosotros al hacerlo.

Por eso necesitamos la esperanza en nuestras vidas. Porque es lo único que está claro. Porque es la luz que nos guía. Y todo cambia y nada permanece, pero a la hora de la verdad siempre querremos regresar a nuestro santuario y a la idea de esperanza que reside en él. Porque una idea así, incluso tras apuñalarla y rechazarla, seguiremos deseando abrazarla.

Incluso si nos paga con la misma moneda que nosotros le dimos, seguiremos sintiendo que deseamos que la esperanza no muera. Y seguiremos queriendo escribir mil millones de palabras, y gritar a viva voz, simplemente para transmitir lo que con un susurro hubiera bastado.

- Lo siento




El recuerdo de Nissa


















Y ante todo, aunque somos una suma de pasiones, razones, desengaños y esperanzas, existe un componente más que nos hace ser quienes somos. No existe una palabra para describir esta clase de ideas con exactitud, pero son las más fundamentales. Son las ideas que surgen de lo más profundo e inexplorado de nosotros. 

No son la llama que arde, ni el combustible, ni el soplido que la aviva.

Son la razón por cual la llama está ardiendo.

Son la última verdad que encontramos en nosotros mismos. Aquella que nunca desaparece. Aquella que aunque evolucione se mantiene constante. Las ideas que tienen esta naturaleza son inmutables para cada individuo, en cierto modo, y siempre nos guían para encontrar nuestro propio camino. Son nuestra última esperanza. Sólo cada persona sabe qué ideas representan eso para ella misma, pero son aquello sobre lo que gira nuestra existencia. Son aquello que no debemos olvidar. Son aquello en lo que creemos.

Estas ideas... ¿Cómo describirlas? No son fáciles de identificar. Tampoco son fáciles de encontrar. Pero sabremos que hemos dado con ellas, porque cuando lo hagamos...

...dedicaremos toda nuestra pasión para luchar por ellas.
...se alinearán con toda razón que encontremos.
...permanecerán constantes a pesar de cualquier engaño.
...y nos llenarán de esperanza.

Y cuando encontremos estas ideas, sabremos que hemos encontrado nuestro Norte.

El aura de Gideon







 - Ceniza

jueves, 14 de febrero de 2019

Recuerdo ver las cajas.
Todas esas cajas apiladas unas encima de otras, extendiéndose más allá de donde la vista alcanzaba. 
Cajas grandes, pequeñas, de bordes irregulares, cuadradas, redondas, rectangulares, de un solo color y también de varios, de madera, de metal, de cartón y de piedra; eran simplemente demasiadas.
Inertes en el suelo las cajas impedían el paso. Mi mirada continuó su recorrido hasta mis pies, que levemente rozaban la primera de ellas. Era sin duda la más grande y robusta de todas. Pensé que eso podía deberse al hecho de estar mucho más cerca de mí que las demás.

Parecía una caja importante.
Así que la abrí.


¿Cuánto tiempo ha pasado desde entonces? No logro recordarlo, no consigo recordar nada en absoluto en esta oscuridad.